miércoles, 14 de septiembre de 2011

¿Cuál crees que puede ser la salida del 15-M?

No cabe duda que existe un debate nacional acerca de cómo se debería encauzar toda esa energía potencial que se llama 15-M para forzar el cambio hacia una sociedad más democrática en nuestro país. Una gran mayoría de la población simpatizó en su momento con dicho movimiento. Lo curioso es que tanto los votantes de izquierda como de derecha vieron con buenos ojos la protesta ante un sistema que se ha convertido en indecente para sus ciudadanos. Sin embargo, nadie vislumbra la salida y mucha gente piensa que quedará en la historia como un amago más de rebelión ante una situación injusta.
Sinceramente creo que cuando una idea penetra en la ciudadanía, difícilmente se olvida. Por tanto, o bien el sistema imperante hace guiños de cambio para que todo siga igual, o bien se acelera el proceso de democratización. El sistema ya está en lo primero y desde luego quitará fuerza a los que quieren un sistema democrático propiamente dicho. El problema está en los que hasta ahora no han dado señales de tener una fuerte base ideológica, una propuesta sólida, un norte. Una cuestión importante es que presentarse a las elecciones es tiempo perdido, pues nadie puede competir con el sistema a la hora de financiar una campaña, utilizar los medios de propaganda, o simplemente hacer llegar un mensaje claro al público en general sin que sea distorsionado. Es imposible.
Desde aquí lanzamos la pregunta. Utiliza los comentarios de este blog para proponer cuál puede ser ese norte al que hacíamos referencia en el párrafo anterior. ¿Cuál debe ser la base ideológica? ¿Qué estrategia se debe adoptar? ¿Qué se puede hacer en la próxima convocatoria electoral? A medida que vayan llegando los comentarios los iremos publicando.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Ni calasas ni solesiadas

Antonio Morales Méndez

Decididamente parece que el verano no le sienta bien a la democracia. Ni el verano ni los loco playas mensajeros de los mercados que atentan contra su futuro. Hace ya dos años, finalizado el estío de 2009, y en este mismo medio, escribí un texto resumen de lo acontecido en ese mes de agosto, que titulé “Las democracias no son para el verano”, en el que me hacía eco de la gravísima situación que se vivía con un sinfín de casos de corrupción en los medios de comunicación (decía el PP que aventados por el PSOE para tapar los propios y que utilizaba para ello a los policías, a los jueces…), con millones de trabajadores absolutamente desprotegidos, llenos de miedos y desaliento y del abandono de las víctimas y los familiares del accidente aéreo de Barajas de 2008.

Dos veranos más tarde la situación denunciada no sólo no ha mejorado sino que se ha agravado penosamente: los afectados por el accidente del JK 5022 siguen en las mismas condiciones, desprotegidos por el Estado y con un informe emitido tres años después –también en este agosto- por una CIAIAC incompetente y de imparcialidad cuestionable que exonera a las grandes compañías de aviación y deja en manos de la rentabilidad económica de éstas y de su cuenta de resultados la seguridad de todos nosotros; los trabajadores de este país continúan en un pozo sin fondo, cada vez con más hogares sin ningún tipo de recursos, con un mayor grado de exclusión social y con unas expectativas de futuro desesperanzadoras y los casos de corrupción que sembraron la alarma y la desazón en tanta gente (Tebeto, Tindaya, Góndola, Eolo, Faycán y Brisan en Canarias y Gürtel, Fundescan, en Madrid, Camps, Fabra y compañía en Valencia, Mata, Andratx y Palma en Mallorca, Totana en Murcia, etc), continúan en el limbo debido a que una Justicia lenta, sin medios, y algunas veces servil, no los ha puesto en su sitio y castigado severamente como principales causantes del debilitamiento de la democracia y el desafecto de la ciudadanía.

Transcurrido este tiempo, la realidad ha tomado una deriva increíble y todo parece haberse precipitado en este aciago verano. Los índices de percepción de la ciudadanía sobre la política y los políticos son cada día más negativos. El descrédito y los abismos que se abren entre los españoles y la política son cada día mayores.

A principios de agosto, la parte más visible de la voracidad del capitalismo no dudó en poner contra las cuerdas a EEUU y Europa, amenazando con llevarse por delante a Italia, España, Francia y por ende el proyecto de unidad europea. Era, como se pudo comprobar más tarde, una clara escenificación de su fuerza y de una potente amenaza; de hacer constar que son los mercados quienes toman las decisiones y que los estados y los gobiernos de turno no son más que torpes muestras de una caricatura de democracia. Se vivieron momentos muy duros de pavor e incertidumbre que se tradujeron posteriormente en un ataque brutal a lo público y a la propia democracia.

Como consecuencia de este embate de los mercados, en una buena parte de Europa y, desde luego, en España, se pone en marcha una presión calculada para exigir la desaparición de un número importante de municipios y, más tarde, de las diputaciones (Rubalcaba dixit). Alrededor de todo ello, unas veces de manera interesada y otras de manera inconsciente, se empiezan a suceder titulares hablando del despilfarro de los municipios, de los sueldos desmesurados de los alcaldes (así, de manera genérica) y de lo caro que supone al Estado mantener todo eso. No es casualidad tampoco que las instituciones municipales, que en las encuestas siempre han aparecido con una valoración alta por parte de los ciudadanos, salgan ahora también muy cuestionadas. Y es que van calando los mensajes. Todo lo público sobra. De repente ahora, tras siglos y siglos de existencia de estas administraciones, cercanas y efectivas como ninguna otra, nos damos cuenta de que no sirven para nada, que están de más y que son carísimas de mantener. Se trata en definitiva de transmitirnos que los servicios que prestan estas administraciones cercanas pero despilfarradoras, derrochadoras y mal gestionadas, se podrían sustituir por utes empresariales serias y solventes, ejemplos de buena gestión y llevadas por ejecutivos impecables que entonces si podrán cobrar sueldos millonarios, que pagaríamos todos, como ahora sucede con las eléctricas, las telefónicas, las cajas de ahorros, la banca estatal, etc, que antes eran públicas y ahora nos tienen sometidos a todos.

Por eso hay que ir a por los ayuntamientos, a por las diputaciones y después a por las comunidades hasta ahogarlas, desacreditarlas y poner a los ciudadanos en contra, con la complicidad de un gran poder mediático en manos de los grandes lobbys empresariales.

Y para eso, en posición de firme ante el neoliberalismo más duro y el capitalismo más brutal, al señor Zapatero no se le ocurre otra cosa que proponer al PP -en contra de la posición de otros países europeos como Dinamarca, por ejemplo, que acaba de aumentar su déficit público “para dinamizar la economía”, y en contra de la opinión de premios Nobel como Krugman, Stiglitz o Eric Maskin- modificar la Constitución española con el objetivo de limitar el déficit público y mandar otro mensaje de tranquilidad –el latiguillo de siempre- a los mercados, a los que, por cierto, la medida les ha entrado por un oído y salido por otro. Se ha escrito mucho sobre este tema y yo no quiero repetirme, pero está meridianamente claro que se trata del desprecio más absoluto a la democracia, a la pluralidad de partidos y a la ciudadanía y a sus organizaciones sociales y –esta reflexión no la he escuchado y me parece especialmente grave- al Parlamento. De un plumazo se escenifica, aunque esto no es nuevo, ante todos nosotros que el Parlamento, que el Poder Legislativo, una parte fundamental del Estado de Derecho, está a las órdenes del gobierno o de los partidos. Nos deja absolutamente claro el señor Zapatero que él toma una decisión y sus diputados –a pesar de algunas veladas críticas de salón- tendrán que seguirle sí o sí. El Parlamento está obligado a votar lo que digan los señores Zapatero y Rajoy. Y punto. Gravísimo, pero real. De un plumazo se decide cambiar la Constitución del consenso y el diálogo de la transición, para convertirla en un instrumento de arrinconamiento del Estado de Bienestar, para consolidar un modelo neoliberal social y económico. Para afianzar un bipartidismo entregado al capitalismo más duro. Para hacer de la Constitución un libro de cuentas, como si el país fuera un gran centro comercial. Para, por una vía absolutamente antidemocrática, cambiar el sistema político de un país convirtiéndolo en neoliberal, así, sin más. Como si no fuera mucho más urgente y necesario hacer todas las reformas que sean precisas para modificar la Ley Electoral, para apuntalar el Estado de Bienestar o para profundizar en los mecanismos de creación de empleo y vivienda…

Igualito que en Francia, donde sí saben de constituciones sagradas. Ahí al señor Sarkozy, que junto con Merkel está dirigiendo la política económica española, no se le ha ocurrido cambiar la Constitución sino poner en marcha –también en agosto y a petición de los franceses más ricos- un gravamen especial del 3% a los que ganan más de 500.000 euros hasta bajar el déficit. Aquí, dice el señor Rubalcaba –que anda prometiendo ahora todo lo que no ha querido hacer mientras gobernaba- se tomará esta medida en la próxima legislatura. Y no se le termina de caer el pelo.

Cuanto sometimiento, Dios mío, de una socialdemocracia incompetente para buscar alternativas y de una derecha retrógrada, seguidista e incapaz de poner otras propuestas que no sean la de más privatizaciones y menos Estado.

Nunca un verano había dado para tanto liberticidio. Los políticos de turno con capacidad de decisión no han intentado siquiera disimular su papel de comparsas y de cómplices activos y necesarios para el desmoronamiento de la democracia, de los derechos sociales y laborales, de la defensa de las libertades y de lo público.

No son calasas ni “solesiás” de un verano intenso. Aunque nos lo quieran hacer creer, los disturbios de Londres, como antes los de París, Grecia, etc, no son una anécdota. El rechazo a la política y a los políticos no es una casualidad. El aumento de la extrema derecha no es una broma.

lunes, 8 de agosto de 2011

Por qué Grecia y España no se recuperarán


Vicenç Navarro


El mayor problema que tiene la economía griega no es  primordialmente de carácter económico o financiero. Es un problema  político. Tiene que ver con el enorme poder que la banca ha tenido, y  continúa teniendo, en la estructuración de la Unión Europea y de la  Eurozona, así como en la génesis de la deuda pública de los países  llamados despectivamente PIGS, cerdos en inglés, (Portugal, Irlanda,  Grecia y España). Ahora bien, este poder de la banca ha contado con  un gran aliado y cómplice: las clases más adineradas de los países de  la Eurozona, incluyendo las de los países PIGS.

Veamos los datos, comenzando por las reglas que los bancos  escribieron sobre las cuales se establecería la Eurozona. Estas reglas  son las responsables de que Grecia nunca podrá (ni tampoco España)  salir de la recesión a través de las políticas que se están siguiendo.

Una fue que los Estados, al incorporarse al euro, perdieron el control sobre su propia moneda. Es decir, que en momentos de recesión (cuando la economía está estancada), el estado griego no puede  devaluar la moneda y con ello poder abaratar sus productos y  venderlos más fácilmente al exterior, recuperándose a base de ello.

Suecia y Noruega, por cierto, se han recuperado de la recesión  mucho mejor y más rápido que Finlandia,  como consecuencia de que  los dos primeros pudieron devaluar su moneda, lo cual no pudo hacer Finlandia al pertenecer al euro.

Otra regla es que, al integrarse al euro, los Estados dejaron de tener la potestad de imprimir dinero y establecer el precio del mismo.

Cuando un país está en recesión, su Banco Central imprime dinero y/o abarata el precio del dinero, disminuyendo así los intereses bancarios, facilitando que tanto los ciudadanos como los empresarios puedan conseguir préstamos con los cuales consumir bienes y servicios e invertir, y así producir empleo y estimular la economía.

Negarle al estado que tenga control sobre el crédito es imposibilitarle el poder estimular la economía. Una función de un Banco Central es, precisamente, la de garantizar el crédito, lo cual funcionó bien en la mayoría de países europeos hasta que llegó la moda neoliberal con el Presidente Reagan de EEUU y la Sra. Thatcher de Gran Bretaña, que hicieron creer a muchos gobiernos europeos que desregular el crédito era bueno para un país. El último caso que vimos fue Islandia, que  conllevó un enorme problema, como también lo creó en los otros países que desregularon el crédito (que fueron la mayoría).

Y, por si fuera poco, la tercera regla era que un país no podía seguir políticas expansivas de gasto público. Es decir, un estado no podría gastar mucho para estimular la economía, pues el estado, según el criterio de Maastricht, no podía tener un déficit estatal mayor del 3% del PIB y una deuda pública mayor del 60% del PIB.

Claro que el criterio no decía cómo debía bajarse el déficit para alcanzar el número mágico del 3%. Pero insistieron en que los estados bajaran los impuestos como manera de estimular la economía, considerando erróneamente que los ricos, que eran los máximos beneficiarios de los recortes de impuestos, consumirían más  que ahorrarían (de hecho, invirtieron en sectores especulativos). Esta insistencia en que el estado bajara los impuestos no dejaba al estado otra alternativa que la de recortar el gasto público. Esto eliminó la posibilidad de que el estado pueda estimular la economía mediante, por ejemplo, inversiones en áreas de creación de empleo.

Estas tres reglas hacen muy difícil, casi imposible, para Grecia  (y para España), salir de la crisis. En realidad, estas reglas fueron muy importantes para que la crisis se presentara en Grecia con la gravedad con laque se ha presentado.

¿QUÉ PASA EN GRECIA? LA ALIANZA DE LA BANCA CON LOS RICOS  

Una característica de Grecia, que comparte con España, es que ha estado gobernada por la ultraderecha por muchos años. La dictadura de los coroneles fue (como lo fue también la dictadura de los generales en España) una dictadura de los ricos en contra de las clases populares. Ello ha determinado que los ricos no tienen la costumbre de pagar impuestos. El fraude fiscal ha sido enorme, consecuencia de la laxitud del estado, que ha continuado controlado por los ricos durante la democracia que siguió a la dictadura. En 2010 sólo 15.000 griegos, de un total de once millones de ciudadanos, declararon al estado ingresos superiores a 100.000 euros al año, lo cual contrasta con la existente concentración de la riqueza y de las rentas, visible en los suburbios de las ciudades griegas. Se considera que casi la tercera parte de la renta nacional (la poseída por los ricos en su mayoría) no se declara.

Ello ha forzado al estado griego a endeudarse hasta la médula para pagar los gastos del estado (en infraestructura y en servicios públicos, así como en gastos militares que significan una carga muy importante en el presupuesto nacional). Esta deuda recoge también a deuda incurrida por los gobiernos militares, no elegidos democráticamente, y cuyo gasto militar lo tiene que pagar ahora el  estado democrático. Éstas son las causas de que el estado griego tenga un problema de déficit del estado (12% del PIB) y de deuda pública, todavía mayor (150% del PIB). Pero esta realidad quedó, en parte, ocultada por el estado con la ayuda del banco Goldman Sachs.

El diario alemán Der Spiegel descubrió las ocultaciones de las cuentas nacionales que el estado griego (gobernado por las derechas) había realizado con la complicidad de aquel banco estadounidense (que recibió un pago por ello de 800 millones de euros). Es imposible que la Comisión Europea (cuya mayoría son de partidos de derechas), no lo supiera. Por cierto, el que era Vicepresidente para Europa del Banco Goldman Sachs, que realizó operaciones financieras con el gobierno conservador griego para ocultar la situación real del déficit público del estado griego, el Sr. Mario Draghi será el nuevo Presidente del Banco Central Europeo, poniendo a la cabeza de este Banco (que es un lobby de la banca, en lugar de ser un Banco Central) a la persona que ayudó más al desfalco de las cuentas públicas del estado griego.

Cuando el gobierno socialista salió elegido descubrió estos problemas, indicando que el déficit y la deuda eran mucho mayores de lo que el gobierno conservador había indicado. El estado está enormemente endeudado. Los bancos alemanes y franceses, pero también los bancos griegos (donde los ricos griegos depositan su dinero) han comprado la deuda pública a unos intereses abusivos. Por cierto, la mal llamada ayuda a Grecia es para asegurarse que el estado griego pagará a tales bancos. Y la enorme austeridad impuesta a la población griega por parte del estado (77.000 millones de euros, de los cuales 28.000 millones serán en recortes de gasto público y 50.000 millones en privatizaciones del patrimonio nacional) es para poder pagar a los bancos.

EL EURO Y LA CRISIS

Este endeudamiento del estado griego es beneficioso para los bancos y también para los ricos que no pagan impuestos, forzando al estado a endeudarse aún más. Pero es también beneficioso para los ricos y para los bancos extranjeros, pues el estado se siente en la necesidad de privatizar sus propiedades (a unos precios irrisorios) con lo cual vemos una enorme demanda de euros por parte de bancos de inversión para comprar tales propiedades. En realidad, en contra de lo que constantemente se dice y se alarma, el euro está en muy buena salud (demasiado buena para los empresarios españoles que tienen problemas para exportar), y ello se debe a la enorme demanda de euros con los cuales se compra la privatización de los bienes públicos de Grecia (y de España). Véase el caso de las cajas e ahorros españolas, que se están vendiendo a unos precios muy bajos. Y todo ello con la ayuda del Estado. De ahí que las privatizaciones sean una estrategia impuesta por la banca a los países del euro como manera de conseguir la venta del patrimonio y servicios muy rentables de los países periféricos.

 Vemos así como el enorme dominio de la banca explica que los estados periféricos estén estancados en su deuda sin poder salir de ella, lo cual no ocurre por incompetencia, sino por diseño, pues así consigue introducirse y conseguir mayor rentabilidad al comprar a recios muy bajos lo que antes era público. Cualquier lector de este artículo debiera indignarse. Por cierto, este artículo fue enviado algunos de los medios de mayor difusión del país, ninguno de los cuales consideró oportuno publicarlo. Agradecería al lector que lo distribuyera lo más ampliamente posible.


sábado, 23 de julio de 2011

El Espíritu del 9 de julio

El candidato socialista a la presidencia del gobierno hizo el pasado 9 de julio su primer mitin como tal, planteando un discurso tímidamente reformista cuyos puntos más importantes fueron la reforma de la ley electoral y la propuesta de dedicar parte del beneficio de los bancos a crear empleo, sobre todo para jóvenes. Sin duda, un claro guiño a las ansias democráticas de una mayoría de la población y a la contestación social de los últimos meses. Existe un porcentaje muy alto de la ciudadanía que ha simpatizado con las demandas de mayor democracia realizadas a partir del 15 de mayo.
            El sistema ha dado una respuesta clara. Por un lado, la derecha ha hecho caso omiso de estas reivindicaciones alegando que lo que tenemos es la democracia real y en algunos casos, ridiculizando a los ciudadanos que han salido a la calle. Normal. Los socialistas, lejos de admitir que el sistema no responde a las expectativas de la población, plantea tímidas reformas que poco van a cambiar el estado de las cosas. Desde luego decir que van a dedicar parte del beneficio de los bancos a crear empleo es una quimera pues este tema se escapa de la política nacional. Decir que nos van a endosar un sistema electoral como el alemán es querer decir que cambian algo para no cambiar nada. Después de la segunda guerra mundial una de las potencias ganadoras, Estados Unidos, impuso la democracia parlamentaria en Europa. Dado que en el parlamentarismo no es el pueblo quién elige a los gobiernos (solo se elige a los parlamentarios), la formación de gobiernos depende de las negociaciones entre partidos y personas. Puede existir una mayoría parlamentaria que no forma gobierno, una mayoría popular que no gobierna. Si añadimos aquella máxima de que toda persona tiene un precio (y en estos niveles se juega con mucho dinero) podemos llegar a la conclusión de que el sistema es fácilmente manipulable. En aquella Europa los partidos comunistas tenían mucho apoyo popular. Un sistema de elección directa del gobierno por parte del pueblo hubiese puesto en el poder a los comunistas al menos en Italia y en Francia. Éstos, en un sistema parlamentarista nunca llegarían al poder pues conformar una mayoría absoluta es muy difícil (y menos con la propaganda en contra). Además, solo hay que poner mucho dinero en múltiples partidos para que el voto se divida y aunque se obtenga mayoría, la suma del resto de los partidos impediría la formación de un gobierno. En el peor de los casos, se puede recurrir a la compra-venta de representantes (toda persona tiene un precio). En un sistema de separación de poderes esto sería más complicado. Por otro lado, los comunistas no querían saber nada de un sistema democrático importado del imperio capitalista, por lo que todos de acuerdo.
            Claro, este es el sistema que no se quiere tocar pues, aunque los comunistas sean cosa del pasado, eso de otorgar el poder de decisión a la gente es peligroso para esa aristocracia que vive en los partidos. Ningún sistema se hace el harakiri motu proprio. Me sabe muy mal decirlo pero me recuerda, salvando las distancias, al famoso Espíritu del 12 de febrero cuando una parte del sistema franquista quiso realizar un tímido gesto de apertura permitiendo el asociacionismo político dentro del sistema. Ningún demócrata pensó que aquello pudiera llegar a algo. De la misma forma, los españoles que reivindicamos más democracia pensamos que el problema no está en un pequeño gesto para recuperar el voto perdido y que al final nada cambie. El problema está en un sistema parlamentarista anquilosado, vetusto y demasiadas veces putrefacto. No queda más remedio que ir hacia un proceso constitucional. Cualquier otra maniobra es retrasar la solución.

El sistema electoral en sentido estricto

            El sistema electoral canario ha hecho correr ríos de tinta, pues no creo que exista en el mundo una democracia, por decir algo, tan peculiar como la nuestra. Incluso tenemos una asociación cívica, demócratas para el cambio, que desde hace tiempo lucha a favor de un sistema más justo para nuestros habitantes. Es probable que el movimiento 15-M haya vuelto a activar la polémica, o al menos muchos veamos en los jóvenes la oportunidad de poner algo de cordura en nuestro sistema político.
            Desde hace tiempo, lo tengo que confesar, me irritan bastante las ideas peregrinas que lanzan unos y otros para deshacer el entuerto. Hemos oído de todo y en algunos casos hasta para no creerlo. Sin embargo, el sociólogo y profesor Miguel Guerra publicó recientemente un interesante análisis acerca de la desproporción existente entre la población y la representación política. En dicho artículo ofrece los datos correspondientes a un sistema estrictamente proporcional para la asignación del número de diputados en el parlamento canario. Al final realiza una clara y lógica propuesta de aumentar el número de diputados a 75. Sin embargo, al hablar de la aplicación de un sistema estrictamente proporcional concluye diciendo que “seguirla en sentido estricto, agudizaría el conflicto y su salida. Canarias es una Comunidad territorialmente fragmentada y sus habitantes viven en islas muy diferenciadas y por tanto, no sería democrático tratar con un único criterio, el poblacional, la compleja singularidad que la insularidad entraña”.
            Sin embargo, la democracia en sentido estricto es una persona, un voto y de igual valor. Cualquier otra solución puede ser puesta en tela de juicio. El problema ahora reside en el criterio geográfico. Aquí ocurre como en las matemáticas y es que no se pueden sumar peras con manzanas. Una cosa es elegir a personas que te representen en relación a una forma de pensar, una causa, una ideología,… y otra la defensa de la población que vive en un territorio. No tienen nada que ver y el que lo intenta fracasa de igual forma que quien hace la misma tontería a la hora de sumar o restar.
            Cualquier democracia que se precie tiene un parlamento donde los representantes son elegidos por distritos electorales de igual número de habitantes (con alguna concesión), que responde a las formas de pensar de sus votantes. Punto. Ahora viene el problema geográfico. Cualquier democracia que se precie tiene una segunda cámara, normalmente constituida por dos o tres representantes de cada unidad geográfica, en nuestro caso serían dos o tres por cada isla. El propósito de esta cámara no es otro que evitar que se legisle en perjuicio de unas u otras unidades geográficas (normalmente sobre las que menor población tienen), y por eso se requieren mayorías de dos tercios para aprobar las leyes. Punto.
            Ahora saldrá el discurso facilón de siempre. Una segunda cámara, con lo que eso nos cuesta a los contribuyentes y bla, bla, bla,… Quién dice esto no tiene idea de las cifras en las que se mueve una región como Canarias y desde luego es más barato que instituciones que para nada sirven (p.e., televisión canaria, diputado del común,…). En cualquier caso, está cámara nos costaría menos que el desaguisado que ha promovido que el 15% de la población se constituya en mayoría, el neocaciquismo que se ha creado y la pobreza que ha generado. La actual ley no impide tener una segunda cámara, y designar a dos o tres personas por isla lo podemos hacer a la hora de las elecciones a cabildos. Si no se hace es porque no se quiere.

El 15-M y la preocupación de muchos

En estos días no paramos de leer comentarios y más comentarios sobre cuál será el devenir del denominado movimiento 15-M. Existe un debate sobre la viabilidad o no de los indignados, sus formas de proceder, las asambleas, su organización, si forman partido político, si lo hacen bien o lo hacen mal, y bla, bla, bla… Es curioso lo que nos preocupamos por el futuro de este fenómeno social.
            Desde mi particular punto de vista, poco importa todo esto. Realmente lo que ha ocurrido es que una parte importante de la población se ha dado cuenta de que el sistema democrático no responde a las expectativas que la sociedad tiene. De repente observa que los mecanismos que tenemos para decidir, para que nuestros representantes no se vayan por los Cerros de Úbeda, para que defiendan nuestros intereses,… no funcionan. Y no funcionan desde hace mucho tiempo, lo cual ha hecho que nuestro país se haya empobrecido. Hoy en día se sabe a ciencia cierta que el nivel económico de un país y el de sus ciudadanos (no siempre van a la par) es directamente proporcional a los niveles democráticos que gozan sus ciudadanos. Los países más democráticos son los que mayor nivel de vida tienen.
La democracia históricamente ha promovido más felicidad al ser humano, por supuesto en términos relativos. Los países más avanzados del planeta son los más democráticos. En éstos nunca han existido hambrunas como las que hemos visto en cualquier tipo de dictadura, muchas veces afectando a millones de personas. Por supuesto, hablo de países democráticos y no en los que simplemente existen elecciones. Cuando hay democracia, hay discusión, disenso y resolución. Cuanta más democracia, mayor discusión, mayor disenso y mejor resolución. A mayor democracia, mayor avance económico y social. Cuando no hay democracia no hay nada de nada, solo pobreza. De la misma forma, entre una democracia avanzada y una dictadura existe un enorme abanico de desarrollo social y económico. En un reciente artículo de una prestigiosa revista científica se llega a la conclusión de que la corrupción mata, pues en los países más corruptos las víctimas producidas por los desastres naturales son órdenes de magnitud superiores. Lo importante en dicho trabajo científico es que demuestra que los países con menor corrupción son los de mayor nivel económico por habitante. Por ejemplo, cuando no existe seguridad jurídica, la emprendeduría dentro de un país es una quimera. Si el Estado autoritario tiene la potestad de acosar al ciudadano, a las empresas, a los científicos,… no habrá progreso. Nadie querrá invertir donde la probabilidad de perderlo todo es muy alta. Alcanzar altos niveles democráticos es, sin duda, un antídoto para la corrupción.
Por eso no me preocupa el devenir del movimiento 15-M. Han logrado casi un milagro, o más bien dos. El primero concienciar a los ciudadanos de que poco deciden y que esto nos lleva a la pobreza (mucho paro, reducción de salarios, pensiones, destrucción del Estado de Bienestar,…). Y segundo que han generado la idea de que el parlamentarismo no nos satisface. Necesitamos separación de poderes, una ley electoral acorde con dicha separación de poderes, partidos democráticos, representantes cercanos, decisiones por referéndum, limitación de mandatos, igualdad, condiciones sociales justas, trabajo,… En fin, todo aquello que nos hace más ciudadanos, más libres y por qué no, más felices. No nos preocupemos mucho por el devenir de este movimiento, esa idea es imparable.

El sistema no se mantiene

Se ha consumado otro pacto de perdedores. Curioso sistema democrático donde para gobernar hay que perder las elecciones. Ya ocurrió en las pasadas elecciones y se repite ahora. Es la denominada aritmética parlamentaria que nada tiene que ver con la democracia. Lo terrible del asunto es que ya lo sabíamos pues tenían el pacto cerrado desde hace tiempo. Prácticamente lo que también ocurrió en las pasadas elecciones. La pregunta es si merece la pena ir a votar pues en este sistema poco hay que hacer. Si dos partidos llegan al acuerdo de gobernar es prácticamente imposible hacer otra cosa. Entonces, para qué la opereta democrática, para qué tanta parafernalia, para qué tanta fiesta democrática, para qué tanta tomadura de pelo. La degeneración del sistema hace que ya los pactos ni siquiera se hagan con posterioridad a las elecciones. Ya han perdido la vergüenza.
            En Extremadura la izquierda ha propiciado un gobierno del Partido Popular. Parece claro que los votantes que se decantaron por posiciones más a la izquierda no querían ese resultado, pero otra vez la aritmética parlamentaria. Se puede alegar lo que se quiera pero hay que preguntarse qué es lo que realmente hubiese querido la mayoría. Y esa es precisamente la pregunta que no nos dejan hacer. Está prohibida. Al final nunca elegimos a nuestro poder ejecutivo, a nuestros alcaldes, presidentes de cabildo y presidentes de gobierno autónomo o nacional. Eso es cosa de ellos. Hasta cuándo habrá que soportar el vomitivo baile de pactos y vendettas. Hasta cuándo.
            Un sistema electoral democrático debe ser un sistema a dos vueltas donde en una primera elección el ciudadano vaya a votar aquella opción que más se identifique con su forma de pensar. El ciudadano vota en conciencia. Si no existe mayoría, en una segunda vuelta se elige al alcalde o presidente entre los dos más votados. Ahora el ciudadano cuya opción quedó en el camino puede realizar un voto útil. La decisión la realiza la ciudadanía y no un grupo de personas que de entrada se juegan su permanencia en el partido y en la política.
            Ahora la pregunta es clara. ¿Qué hubiesen votado los ciudadanos de Canarias en las dos últimas elecciones? ¿Qué hubiesen hecho los votantes de Izquierda Unida en Extremadura? Estoy seguro de que los resultados no hubiesen sido los mismos. El sistema nos quita la voz, nos quita la decisión, y cada vez más, nos produce cierta repugnancia. El olor se percibe.
            Ahora nos venden de entrada que van a cambiar el sistema electoral para, en realidad, no cambiar nada. Lo peor es que a nadie se le cae la cara de vergüenza. Sin embargo, la ciudadanía tiene muy claro que la democracia es el gobierno de las mayorías y éstas las elige el pueblo. También tiene claro que democracia es una persona un voto y con el mismo valor. Esto es irrenunciable, es la esencia de la democracia. En el estado actual, el sistema no se mantiene.